• juanmaarija

EL AÑO QUE SE DETUVO EL TIEMPO



Parece mentira que hayan pasado tantos meses desde que la campana sonó su peor tintineo que anunciaba tiempos borrascosos. Parece mentira que hayan pasado tantos meses en los que se han podido vivir experiencias estremecedoras cargadas de llanto, de incertidumbre, de miedo, de angustia, de impotencia, de rabia, de oraciones incesantes desde todas las confesiones buscando la paz y el consuelo que de otro modo no llegaba. Tiempos donde las colas del hambre se han multiplicado por todo el planeta.


Este ha sido un año donde parece que el tiempo se detuvo. La vida dejó de ser bulliciosa. Los abrazos no se dieron. Las mascarillas dieron un cambio en los rostros de todo el mundo. Las calles se vaciaron...

Un año donde parece que se detuvo el tiempo aunque el reloj no dejaba de marcar las horas y el calendario seguía sumando días y más días en medio del desconcierto.

Un año que a muchos nos ha dado de lleno y nos ha obligado a improvisar despedidas cargadas de dolor que no encuentra palabras para poder explicar.


Parece que se ha parado el tiempo y ese mismo tiempo nos ha dado la oportunidad de pensar, de reflexionar y de mirar cómo nuestra sociedad ha sido tocada casi de muerte porque los castillos donde habíamos construido nuestras seguridades, se cayeron de un plumazo.

Nos ha dado la oportunidad de mirarnos de nuevo a los ojos, obligados tal vez porque nuestras bocas están tapadas por las mascarillas y sin darnos cuenta vemos los brillos y las lágrimas de cada uno. Vemos la profundidad de la mirada y el mismo deseo que todo esto finalice. Nos ha dado la oportunidad de preguntarnos por lo esencial de la vida, algo que nos costaba sacar del corazón, tal vez por vergüenza, por pudor....

Un año donde parece que el tiempo se detuvo y nos regaló alas de libertad, de atención, de sensibilidad, de solidaridad, de fraternidad, de oración, de mirada a lo trascendente, a lo esencial. Un año donde parece que el tiempo se detuvo y nos regaló sonrisas, palabras que abrazan, detalles de esperanza...


Pero es también un año donde parte de la sociedad no ha sentido lo mismo. No ha sentido que este tiempo congelado era para pensar, para cambiar de actitud. Y se ha mantenido el pulso de la estupidez contra la razón; de la mediocridad contra la solidaridad; de la indiferencia contra el compromiso; del infantilismo contra la exigencia de dar pasos hacia adelante aún arriesgando lo propio.

Ha sido un año donde parte de la sociedad se ha visto reflejada en su vacío construido a pulso entre todos cada vez que no hemos exigido; no hemos corregido; no hemos puesto en evidencia los errores garrafales de una educación ausente de valores y llena de cosas vacías que han ido vaciando por completo el sentido humano y la pertenencia a la sociedad donde todos estamos llamados a concentrar y compartir nuestros mejores valores y nuestras mejores cualidades. Un año donde se detuvo el tiempo y ha quedado una fotografía de una parte de sociedad ausente de la misma sociedad, en un mundo paralelo y sin sentido.


Parece que el tiempo se detuvo como oportunidad para ver la vida con realismo y marcada por un horizonte de esperanza al que todos tenemos que intentar llegar poniendo lo mejor de cada uno.

Un año cargado de despedidas y de ausencias que nos tienen que catapultar a construir una sociedad cargada de valores, de los de siempre, de los que no tienen fronteras ni culturas porque todos confluyen en el único valor que da sentido a todos: el amor incondicional y gratuito que cuando se da a veces duele pero engendra vida.

Sí. El tiempo parece que se detuvo y arranca un nuevo año. Es la oportunidad que tenemos de reconducir entre todos el rumbo del barco donde todos estamos dentro. Es la oportunidad de seguir tendiendo la mano y de corregir todo lo que nos siga apartando de lo que vale la pena y por lo que merece la pena vivir.

En memoria de todos los que partieron sin despedidas. En memoria de quienes lloraron la ausencia repentina de quienes amaban. En memoria de una madre tierra que llora la ausencia de su gente y de su esencia, avancemos no por los atajos, sino por el sendero que, aunque nos lleve por sufrimientos pasajeros y por tormentas que empapan hasta el alma, nos hará arribar al puerto de la paz y de la armonía a la que todo ser vivo estamos llamados a vivir y a compartir.

Aunque parezca que el tiempo se detuvo, que no se detenga el alma del cantor y el alma del trovador que vive en cada corazón que aún tiene el aliento y la savia que es capaz de engendrar vida nueva allí donde parecía imposible. Y tú, amigo, amiga, que tienes ese tesoro, deja que recorra las venas de nuestra sociedad que sigue hambrienta de sentido y de paz.

Os propongo esta canción para escuchar y dar cuerpo a todo esto que hoy comparto con vosotros.


https://www.youtube.com/watch?v=x93xjigRzT0


Juanma Arija - Capellán Hospital Vázquez Díaz (Huelva - España)

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